Un fin de semana sin ellos

Dustin Johnson. Brooks Koepka. Rory McIlroy. Patrick Cantlay. Lee Westwood. Daniel Berger. Sergio Garcia. Kevin Kisner. Jason Day. Sungjae Im. Matt Kuchar.

Parece el field de cualquier torneo grande. Nos podríamos preguntar qué tienen en común todos estos jugadores top más allá de la cantidad de torneos que ganaron, o las distancias combinadas que pegan, o sus cuentas bancarias abultadas. A todos ellos los une un mismo hilo: no pasaron el corte en el Masters 2021.

Parece increíble, hasta irreal, que tanto talento junto este fin de semana haya dejado un sabor tan amargo para estos hombres. De un par de ellos, no sorprende tanto. Vamos a decir la verdad, y a tratar de desmenuzar algunos nombres y casos en particular.

En primer lugar, el campeón defensor. Dustin Johnson es sinónimo de solidez y constancia. Cuando está fino, es decir en el 95% de los casos, despliega un juego robótico de tee a green en donde es muy difícil desbancarlo. El tema es cuando el 5% restante prevalece. Lo vimos errático, fastidiado, casi como diciendo “qué hago acá”. No le salió casi nada, pero tuvo destellos de su calidad intacta. Resignado a, valga la redundancia, delegar el protagonismo, el viernes terminó para él con la obligación de hacer birdie al 18 para pasar el corte. No lo logró, y debió quedarse todo el fin de semana en Augusta para entregarle el saco verde a Matsuyama con las últimas luces del domingo. Luces que, a diferencia de noviembre pasado, no fueron para él.

Koepka, por otro lado, llegó con lo justo. Después de una operación de rodilla (que lo tiene cada vez más a maltraer), no vimos mucho de él pero tampoco esperábamos ver nada deslumbrante. Decidido a jugar y probar suerte, una especie de revancha personal para él, el ganador de majors tuvo que luchar contra sus propios demonios y su físico para jugar los primeros 18 hoyos. Se notaba que le costaba, y por eso tampoco se lo puede analizar desde una perspectiva técnica. Más allá de que su swing no tuvo variaciones, necesita ponerse a punto desde lo físico de vuelta. Tiene una edad ideal (30 años) para perfeccionar, barajar, y dar de nuevo. Talento le sobra. Seguramente lo veremos de nuevo allá arriba como hasta no hace mucho en Las Vegas. Y siempre será un firme candidato a llevarse el Masters.

Otro del que no mucho se esperaba, y nada mostró, fue Rory McIlroy. El norirlandés tiene un serio problema compuesto por varios factores. En primera instancia, le falta reencontrarse y tener confianza con el swing. En búsqueda de mayor potencia, mayor control o quién sabe qué busca Rory hoy, perdió el equilibrio que siempre tuvo entre un swing vistoso y técnicamente rozando la perfección, y ser uno de los pegadores más largos del Tour. Muchos se preguntan por qué alteró lo que venía haciendo si eso le trajo buenos resultados a lo largo de su carrera, pero la realidad es que este jugadorazo necesita complementar todo ello con la parte más importante quizá del juego de todo golfista: su cabeza. Se lo nota muy ido, como sufriendo cada hoyo que juega, sabiendo que puede dar cien veces más de lo que hace. Y ese sufrimiento conlleva falta de confianza constante. Esperemos que pueda hacer algo más que cambiar de coach y dar en la tecla con la solución. Y sin duda estaremos ahí para verlo.

Del lote que le sigue a este trío, quizá la performance que más sorprende por lo negativo es la de Patrick Cantlay. Es un candidato a priori en cualquier torneo que juegue, por su consistencia y su precisión con el juego de hierros que lo transforman en imparable cuando juega su mejor golf. Pero tuvo un Masters realmente para el olvido. No solo no pasó el corte, sino que no lo hizo por mucho. Firmó dos tarjetas de 79 y 73 para cerrar el torneo en +8, un número realmente extraño a su juego y sus estadísticas.

Mismos componentes vimos en Sungjae Im, Berger y Kuchar, jugadores habitualmente acostumbrados a estar (de mínima) en un T20 de cualquier torneo que jueguen. Principalmente Kuchar, que peleó fuerte los últimos campeonatos que jugó (Dell Match Play y Valero Texas Open). Esta vez no los acompañó esa solidez habitual y quedaron relegados.

Otro que también parece haber perdido la brújula de su juego y de (quizá) su cabeza es Jason Day. El australiano es un jugador neto, completo, que tiene distancia y un juego de wedges prácticamente imbatible. Pero hoy por hoy está muy alejado de su mejor momento. Se lo ve impreciso pero por una cuestión de (a nuestro entender) desánimo ante la falta de un resultado contundente. Dos top ten, en Pebble Beach y en Houston, pudieron impulsarlo; pero aún estamos lejos de ver esa versión arrolladora.

Kevin Kisner y Lee Westwood dieron algunos destellos de su juego pero no les alcanzó. Del inglés, podemos decir que tuvo un gran repunte este 2021 peleando campeonatos a su edad, lo cual es meritorio por donde se lo mire. Aquí simplemente no tuvieron un buen torneo.

Por último, Sergio, ex campeón en Augusta National, es un jugador distinto que cuando encuadra su ímpetu emocional con su juego, es realmente difícil de vencer. Es claro que todavía tiene mucho para dar en el Tour, y seguramente lo veamos pelear arriba en majors, pero sabe que el reloj biológico a veces empieza a correr más rápido. Hay muchos jugadores jóvenes que están empezando a pisar fuerte y deberá estar a la altura de las circunstancias.

Estas y otras cuestiones nos dejó esta edición del primer torneo grande del año, ya de vuelta en su mes natural de abril. Deberemos esperar 365 días para volver a decir “es la semana del Masters”. Parece mucho, pero no lo es. Hasta ese entonces.

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