La ¿revancha? De Bryson DeChambeau: una mochila que ya no pesa tanto.

Esta edición de la Ryder Cup, que tuvo a Estados Unidos como un dominador absoluto a lo largo de todo el campeonato, nos dejó varias perlas, anécdotas y momentos que vamos a recordar por mucho tiempo.

Ya se habló largamente del predominio de los jugadores americanos sobre el team europeo. Un juego sólido de equipo y una convicción inquebrantable para recuperar la Ryder fueron el combo que resultó en el score más abultado a favor de un equipo desde que la copa se juega con el formato actual.

Dentro del conjunto estadounidense vimos puntos muy altos, como por ejemplo la solidez de Dustin Johnson (ganó los 5 puntos que disputó, récord de 5-0-0 para él), o la consistencia de jugadores novatos que dieron mucho más de lo que se esperaba, tal fue el caso de Patrick Cantlay y Scottie Scheffler, quienes demostraron que el formato match play les quedó como anillo al dedo.

Pero sin dudas, fuimos nuevamente testigos del “show” de Bryson DeChambeau. El californiano fue el protagonista indiscutible de la previa durante varias semanas, producto del conflicto “farandulero” que mantuvo con Brooks Koepka en esta temporada. Muchos pensaban que no se podían ni ver, o bien que su mal llamado affaire mediático iba a perjudicar los intereses del equipo y potencialmente jugarían en contra del team. Nada de esto pasó.

Desde la victoria de Bryson en Winged Foot la temporada pasada, para llevarse su primer y único major hasta ahora, a la consagración en la Ryder, pasaron exactamente 12 meses. En el interín hubo declaraciones de todo tipo por parte del golfista que pusieron en jaque la relación con el público más tradicional que sigue este gran deporte, el famoso “paladar negro” de los fans. Por ejemplo, vale recordar que en noviembre de 2020 tuvo una muy polémica referencia a Augusta National, diciendo que para él la cancha podría jugar 5 o 6 golpes menos sobre par si estaba fino con su juego. Este desaire a uno de los campos de golf más respetados y queridos del mundo le volvió como un boomerang de lleno, toda vez que terminó jugando en un grupo de mitad de tabla el día domingo y compartiendo la salida con Bernhard Langer -quien paradójicamente hizo mejor score ese día-.

Siguiendo en el tiempo, la temporada 2021 para el americano empezó con el mismo objetivo que en la anterior: demostrar que podía hacer cosas distintas al resto a base de esfuerzo, preparación física, y oídos sordos a las críticas. Todos recordamos, por ejemplo, su drive en el par 5 del hoyo 6 en Bay Hill el día sábado en el Arnold Palmer Invitational. Los más puristas, como se dijo antes, quizá no entiendan su desparpajo o su falsa soberbia a la hora de hacer declaraciones a la prensa. También es recordada su frase acerca de su driver y el fabricante que le proporciona los palos. En medio del desarrollo del British Open en Royal St. George’s, señaló que él se sentía bien pero “no podía agarrar fairways, y eso no era su culpa”, que “su juego estaba pero el driver era una porquería”. Esta cuestión causó un gran revuelo mediático que llegó hasta al propio gerente comercial del fabricante, Ben Schomin, que no dudó en contestarle, quizá también en caliente: “Bryson es un gran tipo, pero a veces tiene actitudes de un nene de 10 años. Duele cuando dice este tipo de estupideces”. Este ida y venida terminó con disculpas públicas por parte de DeChambeau, y la asunción (o admisión) de que necesitaba madurar un poco más en cuanto a la relación con la prensa y el público en general.

Todo lo mencionado anteriormente, y sumado a su “pelea mediática” con Koepka, lo alejaron, por así decirlo, de la consideración del público americano. Es verdad que Bryson siempre tuvo su propio séquito de fanáticos incondicionales, pero su actuación en la Ryder lo volvió a acercar a los primeros planos, esta vez para bien.

Se complementó perfectamente con Scottie Scheffler, la joven promesa que se transformó en realidad. Jugaron un golf muy sólido el viernes y sábado (1 punto y medio sobre 2), y quedó claro que él no iba a jugar solamente para él: lo importante era el equipo.

Sin dudas, lo que terminó de convencer a todos fue su actuación del día domingo, en donde se impuso sobre un jugador consagrado en copas Ryder como lo es Sergio García. Ya desde el tee del hoyo 1, donde arengando a la gente y divirtiéndose como un chico pegó un drive fantástico al green y embocó el putt para águila. A lo largo de todo el match logró combinar a la perfección el feeling con el público y su juego sólido, donde se lo vio quizá más confiado que nunca, sobre todo alrededor y arriba del green. La frutilla del postre, levantar la copa al final del día con sus compatriotas.

En suma, una relación jugador-fanático que parece recompuesta por completo. Habrá que ver y analizar, a futuro, qué saca DeChambeau de esta experiencia. Aprenderá, por caso, a respetar las tradiciones y no menospreciar campos históricos de golf, o quizá simplemente el crecimiento natural conlleve la madurez necesaria.

Esto último puede resumirse en el abrazo (para la foto, pero gesto en fin) que se dio con Koepka en los festejos post conferencia de prensa. Ojalá veamos mucho más de Bryson en esta nueva versión.

Por Manuel Huergo para No Está Dada.

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