En nombre del padre

Si hay algo que describe a los juegos olímpicos y su espíritu, es la multiculturalidad y la riqueza que esto aporta como experiencia a sus competidores. También lo que puede proporcionar el conocimiento de otras disciplinas y que se puede tomar de cada una para fortalecer la propia.

En otra escala esto es lo que sucede en la familia Schauffele. Madre Taiwanesa, criada en Japón, sus abuelos viven allí al día de hoy. Dos de sus bisabuelos fueron destacados deportistas, uno austriaco otro alemán, el primero en futbol, el segundo en atletismo. Su padre Stefan de origen franco-alemán fue un atleta que estaba en camino a cumplir su sueño olímpico en decatlón representando a Alemania, hasta que un conductor borracho chocó el auto que conducía y un pedazo de vidrio lastimó de forma permanente su ojo izquierdo. Un futuro promisorio en el deporte quedaba trunco.

40 años después, como suele suceder de la mano del deporte, una nueva e inesperada puerta se iba a abrir para Stefan, cortesía de su alumno Xander. En una especie de tributo del hijo al padre, iba a permitir a ambos finalmente formar parte de ese evento tan especial, como equipo y representado a Estados Unidos, en el país de sus abuelos y de su madre. La primera parte era idílica, pero era solo eso, el principio. Ahora venia la competencia, y la idea de una medalla para el team Schauffele era completar el circulo perfecto de la experiencia en oriente.

 Siendo un jugador Top 5 del ranking mundial, uno de los mejores jugadores de green del tour, y numero fijo cada vez que se juega un major, es natural que se haya nombrado como uno de los candidatos a llevarse medalla en Tokio, pero son 60 jugadores con el mismo objetivo y cualquiera esta en condiciones de ganar acostumbrados a un tour super competitivo.  

El comienzo de Xander fue discreto, -3 en la primera ronda contra los -8 de Straka, -7 de Janewattananond, -6 de Ortiz y Pieters, entre otros buenos scores. Pero una segunda vuelta de 63 golpes lo iba a poner en control y nunca mas iba a soltar la punta, un fin de semana de 68 y 67 y sobre todo mucho temple para sortear dificultades en los últimos 3 hoyos, le iban a dar la preciada medalla dorada que habían soñado con su coach.

Jugando por mucho más y a su vez mucho menos de lo que acostumbran semana a semana en el tour, lo definió como algo sumamente especial. No había cheques grandes, ni sacos verdes, ni gloria personal. Esto es por el país que representa, por su bandera y en mayor medida por su padre, cuya participación le fue trágicamente arrancada. El espíritu amateur que sobrevuela en un juego olímpico es algo que trasciende ambiciones personales y devuelve a estos jugadores super profesionales la posibilidad de sacar lo económico de la ecuación, disfrutar del deporte en su esencia, y en este caso particular saldar parcialmente una deuda que el deporte tenía con Stefan.

Hoy no tiene mucho sentido hacer análisis sobre los finales fallidos en majors y porque no puede cerrar en los últimos años. La realidad es que aquí lo pudo hacer y estando en una situación comprometida logro con mucho temple ejecutar su estrategia. No hay duda que este super crack va a seguir siendo protagonista en cualquier torneo que participe y va a ganar, pero esta semana tendrá un lugar muy especial para él y toda su familia.

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