Los Playoffs en el PGA Tour: la delicada balanza entre entretenimiento y paridad.

Ha pasado el primero de los tres torneos que definirán al ganador de la Fedex Cup, y vimos en New Jersey a Tony Finau sacarse por fin la mochila -y la “maldición” de Puerto Rico- de encima para consagrase campeón luego de casi 5 años.

El Northern Trust tuvo de todo, cancelación por alerta de huracán, una cancha anegada que planteaba serios interrogantes sobre la jugabilidad el lunes; pero la organización del Tour mostró su cara más perfecta y nos permitió disfrutar del cierre apasionante que vivimos anteayer.

También mostró una cara que no se mediatizó tanto pero que es un secreto a voces dentro del círculo cerrado de los jugadores top. Un tema que hace rato se quiere instalar en la agenda y que quizá lleve a repensar, para los próximos años, el formato en el que se juegan estos últimos torneos. Y en particular, el Tour Championship en East Lake. Veamos.

Siempre se dijo por lo bajo que el formato del campeonato final en Atlanta es, cuanto menos, poco equitativo. El jugador cuenta con una ventaja inicial de golpes bajo el par determinado por su ranking Fedex al momento de empezar el certamen. Por ejemplo, quien se ubique primero, arrancará en el Tour Championship con un score de -10. El segundo, -8; el tercero, -7 y así sucesivamente hasta cerrar el field con los top 26 al 30 en par de cancha.  Este sistema (y luego veremos por qué) debutó en los playoffs de 2019.

Lo cual, a priori, le da un marco cuanto menos lógico a las críticas que hizo públicamente Jon Rahm el fin de semana pasado en Liberty National. Según el español, el formato actual de los playoffs otorga una ventaja considerable a quien hace bien las cosas en los dos primeros torneos (Northern Trust y BMW Championship), pudiendo jugar mal en East Lake y aún así consagrarse campeón de la Fedex y del Tour Championship en simultáneo. Ello producto del colchón de golpes que el reglamento vigente otorga a quien arranque primero en el ranking. Textualmente, el vasco declaró que “no creo que sea justo. No lo creo en absoluto. Considero que si vos clasificás a los playoffs y ganás los primeros dos, pero jugás pésimo en el tercero, en realidad no jugaste pésimo. Lo podés ganar jugando mal”. A esto se le agrega un dato no menor: el ganador de la Fedex (aun no saliendo primero en el torneo) se hace acreedor de un título oficial del Tour.

El cuestionamiento es entendible en relación a la paridad de juego que debiera existir entre el selecto grupo de jugadores que llegan a Atlanta. Más aun, tratándose de una cancha sumamente complicada y que casi siempre plantea serios desafíos aún hasta a los mejores del mundo. Quizá convenga recordar la situación bizarra que se vivió en 2018.

Justin Rose llegaba como el puntero de la Fedex y era candidato a llevarse el título. Aún no existía el nuevo formato, por lo cual los 30 jugadores clasificados salían a jugar con el mismo score. Nadie se imaginó que en una verdadera revolución golfística Tiger Woods iba a ganar después de casi 5 años y llevarse el torneo. Pero lo más extraño es que por la sumatoria de puntos en el ranking general, Rose terminó ganando la Fedex Cup de todas maneras. Entonces tuvimos una situación de dos ganadores, levantando dos copas, lo cual llevó al Tour a replantearse si la competencia estaba bien equilibrada. Es por esto que se decidió darle una soberbia ventaja a quien encabezara la tabla de puntos por sobre su juego neto en el último torneo del año.

Esto es, básicamente, lo que cuestiona Rahm. Si un jugador llega puntero en el ranking, puede jugar un campeonato mediocre en East Lake y aún así llevarse la copa. Desde lo estrictamente deportivo, puede suponer una desventaja para el resto de los jugadores. En cuanto a lo televisivo, seguramente se habrá pensado como un condimento más que atrape a los fanáticos hasta el final.

Sin dudas, el Tour deberá pensar en el futuro cómo mantener contentos a todos. De por sí, ya veremos un cambio fuerte para la próxima temporada: el Northern Trust desaparecerá del calendario para dejarle su lugar al WGC Fedex St. Jude en Memphis, que tendrá status de torneo Playoff.

Veremos en lo sucesivo las decisiones que se tomen en pos de mantener el atractivo anual que genera el cierre de cada temporada.

Por Manuel Huergo para No Está Dada

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