The Players: más millones (y razones) que nunca para ganar

Hablar de golf profesional y de alta competencia en estos tiempos que corren es, además, hablar de mucho dinero. En los inicios de este noble deporte, los torneos repartían mínimos premios que normalmente les alcanzaban a los jugadores para poder trasladarse para jugar el próximo. Ni hablar de los ganadores, que embolsaban sumas irrisorias en comparación al presente. Por caso, Jack Nicklaus siempre cuenta que en su primer triunfo en el Tour en 1962, se llevó un cheque de ¡33 dólares!, algo que hoy es totalmente inimaginable.

El PGA Tour año a año incrementa las bolsas de sus torneos (sobre todo aquellos más comerciales y con mejor field) ya que tienen una directa relación proporcional con el alcance mediático y la televisación a nivel mundial. Sponsors con mucho poder económico y los derechos de transmisión le permiten a la entidad conducida por Jay Monahan repartir cuantiosos premios de siete y hasta ocho cifras por campeonato.

El caso del Players no es la excepción ni mucho menos. El torneo tiene un status prácticamente de major, y es considerado el más importante después de los «cuatro grandes» (Masters, PGA Championship, US Open y British Open). En sus inicios, precisamente en el año ’74, el propio Nicklaus se llevó la copa ganando 50 mil dólares, cifra que se fue incrementando año a año de manera considerable. La bolsa era de 250 mil USD. Lanny Wadkins obtuvo el torneo en 1979 y su premio aumentó a USD 72 mil, en sintonía con una bolsa mayor (440 mil dólares).

A fines de 1980 los premios habían aumentado casi un 300% en comparación a la primera edición del certamen. Tom Kite se llevó USD 243.000 (una cifra descabellada por ese entonces) por ganarlo en 1989. A lo largo de los 90 los incrementos fueron exponenciales. Para finales de la década, la cifra a repartir en total rozaba los 5 millones de dólares, mientras que el ganador se alzaba con un premio de casi un millón.

El primer premio de seis cifras fue para Hal Sutton en 2000. Este caso es sumamente ilustrativo. Sutton se impuso en dicho año por un golpe sobre Tiger Woods, quien ganaría en la siguiente edición de 2001. Pero asimismo, él (Sutton) había triunfado en el Players en 1983. ¿La diferencia en los premios? 126.000 dólares en su primer victoria contra 1,08 millones en la segunda.

A partir de finales de los 2000, ya con un Tiger consagrado y el surgimiento de nuevas potencias golfísticas como Rory McIlroy, Dustin Johnson y Jordan Spieth, entre otros, la bolsa fue aumentando gradualmente hasta la suma de 12,5 millones de dólares para fines de la década. Rory, con su triunfo de 2019 por un golpe sobre Jim Furyk, se llevó un cheque por 2,25 millones de la moneda estadounidense.

En 2020 el Players tuvo que ser cancelado a raíz de la explosión de casos y muertes en por el Covid-19 en Estados Unidos. Sin embargo, ya tenía previsto para entonces aumentar el reparto de premios de una forma considerable. La bolsa llegó a USD 15.000.000 y el ganador se llevaría 2,7 millones, tal como vimos que hizo Justin Thomas en 2021 cuando el torneo pudo llevarse a cabo en condiciones normales.

Esta edición planifica romper todos los números anteriores, hacer un «bollito» y tirar las cuentas a la basura. La organización del torneo, el PGA Tour y los sponsors tomaron la decisión de aumentar los premios y llevar la bolsa al increíble monto de 20 millones de dólares. El ganador se alzará con un premio de más de USD 3.500.000, superando así a todos los majors en cuanto a reparto de premios. Solamente el Tour Championship otorga premios mayores.

El contexto de este incremento no es para nada casual. En tiempos donde se habla cada vez más de un nuevo Tour de golf íntegramente patrocinado por capitales sauditas, con premios incomparables al PGA Tour (la Saudi Golf League contaría, en principio, con la petrolera Aramco como naming partner y principal sponsor), la entidad americana busca retener a sus estrellas no solamente con la notoriedad y tradición de sus propios campeonatos, sino también con bolsas de premios acordes a la imagen que los jugadores generan a lo largo del globo. Mucho se habló recientemente sobre la posible migración de algunos golfistas a la «naciente» Saudi League. Por ejemplo, nombres rutilantes y sumamente marketineros para el PGA Tour, como Phil Mickelson y Bryson DeChambeau, entre otros.

Ante semejante escenario, Monahan y compañía debieron no solamente montar una estrategia mediática de advertencia (se llegó a decir que quienes se fueran a jugar a Arabia perderían el status de miembro del Tour americano de por vida) y una ingeniería financiera para incentivar a aquellos que podían hacer una diferencia económica jugando en otro país.

Luego, claro está, los medios y las redes sociales hicieron su parte. Se develaron declaraciones cuanto menos polémicas de Mickelson poniendo el aspecto financiero por sobre graves denuncias a violaciones de los derechos humanos en los países árabes que organizan la liga saudita. Ante lo cual, tuvo que salir a pedir disculpas públicas, y desaparecer de sus redes. Algunos de sus sponsors principales, como Callaway y KPMG, tomaron la decisión de pausar sus contratos con él mientras dure la «espuma» del momento.

En suma, claramente nos encontramos en un punto de inflexión en el deporte que más nos gusta. Habrá que ver si el PGA Tour prevalece mundialmente gracias al prestigio de los torneos que organiza y a la calidad del field que disputa todos ellos, o si los jugadores ponen en la balanza el aspecto financiero. Los millones, en uno u otro caso, seguirán estando en juego para los mejores del mundo.

Por Manuel Huergo para NED.

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